¿Cómo me relaciono con mis plantas?
¿Por qué cuidarlas?
¿A qué me recuerdan?
¿Qué hay más allá de ellas?
Tal vez les hablo, tal vez les canto.
Tal vez me acompañan,
tal vez me consuelan.
¿Tal vez hay más personas cómo yo?
Durante la ola de calor de 2024 y ante la apremiante preocupación por la crisis ecológica y el cambio climático, surge la exposición fotográfica “Encuentro Esperanza: Nosotros y Nuestras Plantas”, que consta de 10 piezas alrededor de 10 historias contemporáneas chiapanecas que investigan el vínculo emocional y sensible que podemos llegar a tener con nuestras plantas y el rol que desempeñan en nuestros entornos cotidianos.
A través del carácter sutil de la obra, se invita al espectador a reflexionar sobre su propia relación con sus plantas, y a reconocer la diversidad de sensibilidades saludables que las plantas pueden aportar a la vida cotidiana.
La exposición celebra la interdependencia entre las personas y la naturaleza, generando un sentido de pertenencia y responsabilidad hacia el medio ambiente, empezando con lo personal e inmediato, con lo particular, empezando con el cuidado emotivo de las plantas en casa.
Proyecto realizado con apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC) y del Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas (CONECULTA).
LAS HISTORIAS detrás de LAS OBRAS
A la entrada de la casa de su infancia, la abuela de Alejandra sembró un Galán de Noche, una planta que con el tiempo creció, envolviendo con su fragancia cada regreso a casa.
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Ana Karen creció en Tonalá, Chiapas, rodeada de naturaleza, la calidez de una gran familia y visitas frecuentes a la playa y los paisajes tropicales.
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La infancia de Marlon transcurrió en la Costa de Chiapas, en Tonalá, una región donde los mangos están siempre presentes.
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El amor por la naturaleza ha sido una herencia en la familia de América. Su abuelo le enseñó a su padre a cultivar la tierra y a escuchar el lenguaje silencioso de las plantas.
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Para Rosalva, el cuidado de las plantas es una forma de espiritualidad. Las plantas son compañeras con las que establece un vínculo consciente.
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A lo largo de su vida, el padre de Carmelita recolectaba con esmero orquídeas silvestres de la montaña cercana a su hogar.
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Desde que Alonso era niño, la palma de Madagascar ha sido una presencia constante en su vida. Su madre la compró junto con otra, cuando ambas medían apenas cinco centímetros.
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En medio del ir y venir cotidiano, Brenda sembró una planta con ilusión, pero no prosperó. La maceta se quedó con los restos secos, un recordatorio silencioso de aquello que no floreció.
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Andrea tiene una monstera en su espacio de trabajo, una planta que le recuerda a su mamá, quien le ha regalado casi todas las plantas que tiene.
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Carolina y su familia han conservado por cuatro generaciones un recinto histórico en el centro de Tuxtla Gutiérrez, a unos pasos del río Sabinal.
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